¿Existe la musicofilia? Te recomendamos dos libros para llegar al orgasmo a través de la música


Los tabúes sexuales han permeado muchas ideologías a lo largo de la historia de la humanidad. Hoy en día ante una fuerte masa de información, parece ser que muchas ideas conservadoras se empiezan a romper sin saber siquiera, por ejemplo, la diferencia entre sexo y sexualidad. “Se acepta o rechaza de forma general antes que de forma personal”, parece ser parte de una definición pertinente de nuestra cultura, aquella que sentencia que las mujeres deben comportarse de una manera determinada, distinta a la de los hombres.

Entre la cultura y la ciencia existe un puente que aún sigue construyéndose de forma paulatina en sociedad, donde las costumbres se adhieren a la libertad del individuo y a su propio comportamiento. Parece un tema filosófico pero la ciencia, afortunadamente, responde a aquellos prejuicios en una sencilla palabra: placer.

Así mismo, el placer encuentra una razón de ser en muchas formas y para el gusto de muchos, en la música. Por un lado, la ciencia justifica este encuentro con la liberación de dopamina, por el otro, la cultura responde a una revolución en los años 60. Desde entonces, se aceptan de forma inconsciente los estímulos de un concierto, una canción de amor o el baile, sin realmente potencializar a la propia música como un “instrumento para tener sexo”. Exacto, hoy corresponde hablar sobre lo que la música puede enseñar en los terrenos del sexo y la sexualidad.

Fue en 2007 cuando la palabra Musicofilia ve la luz en palabras del escritor Oliver Sacks. Se trata de un término impetuoso que hasta entonces no despertaba mayor lógica. Sacks titula así a un libro que emprende un viaje maravilloso entre la neurología y la memoria del individuo. Buen momento para afirmar que la música sobre todas las cosas es memoria y por tanto unipersonal. Sin embargo, la memoria también envejece o cambia constantemente, así pues, resulta increíble que a lo largo del libro, la música, lejos de adquirir un significado metafórico, se presente sustentada en una teoría sobre nuestro cerebro. Ejemplo de ello, la música como tratamiento contra el Parkinson, el Alzheimer e incluso la Epilepsia. La conectividad de la música con el cerebro, en obra de Oliver Sacks, representa una reacción emocional, en su mayoría cobijada por el placer. De ahí que la excitación que despierta tenga un apego natural con el sexo, por ejemplo.
Hoy en día, la musicofilia, quizá aún no entendida del todo, sucede en función de una cultura estigmatizada y no de forma natural. Se diversifica en letras machistas o violentas; en géneros “opuestos” como el rock y el reggaetón; hasta en borracheras por el dolor de una pérdida. De tal manera, resulta imprescindible la investigación realizada por Verónica Maza en su libro “Sinfonía del placer . Lo que nos enseña la música en el sexo y viceversa”. Se trata de un ensayo contemporáneo que busca y conjunta respuestas sobre los estereotipos de la sexualidad a través de la musicofilia. Si bien hace un extenso recorrido por la historia de la humanidad (desde los homínidos hasta la edad media), el discurso del libro encuentra su propio brillo en nuestra forma de comunicarnos, sobretodo en pareja.

En resumen, la musicofilia es una respuesta cognitiva y emocional que puede servirnos para conocer a nuestra pareja e incluso iniciar una práctica espiritual. El sexo, antes que nada, es un recorrido introspectivo, íntimo y enérgico, del mismo modo que lo es la música. Siendo así, ¿la música nos puede llevar al orgasmo? La ciencia nos dice que si, nuestra cultura nos dice cómo.

 


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