Musicofilia – Oliver Sacks


Relatos de la música y el cerebro. 
Editorial: Anagrama
Año 2007. 
La música sin dudas ha estado presente en todas las civilizaciones desde principios de la historia del ser humano. La música tiene raíces funcionales y sociales tan primitivas y variadas como lo es la convivencia y comportamiento humano, y sus interacciones fisiológicas siguen siendo en parte un enigma de la medicina moderna.
Oliver Sacks neurólogo y escritor recapitula una serie de historias y expedientes clínicos en donde la música se presenta como una variable disruptiva de la medicina, en algunas ocasiones la música es medicina y respuesta, otras enfermedad y consecuencia.
El libro trata a la música desde un lente fisiológico y como bien lo dice su título intenta comprender la relación entre la música y el cerebro muy literalmente.
Existe una rica variedad de situaciones en las que la música (o su ausencia) juega un papel determinante en la vida de una persona y estas son el corazón del libro. Algunas de las situaciones que puntualmente encontraras estudiadas a fondo son:
El deseo repentino de música (musicofilia), casos de epilepsia provocada por la música, de alucinaciones musicales, canciones que no te puedes quitar de la cabeza, del desagrado o desinterés repentino por la música (Amusia), sobre la musicalidad de las personas ciegas, tonos absolutos, y como la música afecta a personas con: retraso (savants), apoplejías, amnesia, afasias, Síndrome de Tourette, Parkinson, Síndrome de Williams, demencia, etc.
La música en muchas ocasiones puede ser esperanza y último punto de conexión o anclaje para una persona enferma. El libro es útil tanto para doctores que puedan leer la obra y abordar un ángulo diferente de un paciente ó para curiosos que buscan maravillarse con los milagros que la música puede lograr como respuesta a nuestra herencia genética como seres humanos, pero sobre todo para los que viven la enfermedad junto al enfermo, los familiares y amigos de alguien que se encuentren en alguna de estas situaciones y puedan encontrar empatía entre las páginas de este libro.
Aquí termina la reseña formal. Si gustas puedes continuar la lectura con un anexo muy especial. Una carta personal, mi propio caso en donde la música me dio esperanza. Cuando la fe se volvía opaca,  la música apareció. 
Esta carta va dirigida para las personas que se encuentran en una situación difícil, espero y mi historia pueda darles un momento de tranquilidad en ese ajetreo ¡Fuerza Valiente! Y con especial cariño y respeto para mi madre.
“Hace aproximadamente tres años mi mamá sufrió un EVC hemorrágico mejor conocido como derrame cerebral debido a su presión alta por ser hipertensa. La situación en estos casos es más común de lo que uno pensaría, pareciera existir en cada familia un caso ya que la gente comienza a contarte. ¡Cuida tu salud! (Y si tienes a una persona con alguna condición o enfermedad crónica recuérdale la importancia de cuidarse, evitemos estas situaciones.) 
 
Después de que sucede su evento (EVC) y tras pasar unos días en cuidado intensivo, el intento de estabilizar a mi madre se hizo de acuerdo a las indicaciones de los médicos, logrando “estabilizar” su presión y detener la hemorragia. Sin embargo las lesiones en el cerebro son complicadas y en su caso una recuperación de su “yo”, y de su funcionabilidad o incluso de su lucidez no eran una garantía. Necesitaba cuidado de su persona los siete días de la semana durante 24 horas y su progreso era lento e inconcluso aún un par de semanas después de estar internada. 
 
Ella lograba tener momentos pequeños de lucidez muy esporádicos y la fe con el tiempo va menguando aunque no me guste aceptarlo, vas creando una cierta resignación como defensa, pero un acto hizo que esa esperanza volviera a tomar impulso. El acto en cuestión fue ¡colocarle un par de audífonos! 
 
Empecé a llevarle a mi madre en mis horarios de cuidado una serie de canciones que recordé la ponían feliz o triste, que fuera música de su juventud y de sus gustos. 
 
Para mi sorpresa al momento de conectar esos audífonos y empezar a sonar la música mi madre tuvo reacción a esas canciones, y a pesar de tener una afasia visible ¡Podía cantar sus canciones! ¡Las recordaba! Incluso llego a llorar con “Amor Eterno” (Canción que jamás volveré a poder escuchar de la misma forma desde ese día), mi madre seguía dentro de su cuerpo. 
 
Ese momento de realización y esperanza me ayudo a seguir siendo fuerte y me gusta pensar que también la encontró a ella en un momento en que no sabíamos en donde podíamos encontrarla. 
 
La música ese día cambio mi vida y en las semanas posteriores su recuperación se dio de una manera positiva. 
 
Hoy tras pasar 3 años mi madre volvió a ser ella misma y las secuelas notorias son motrices en su mayoría, hoy puedo volver a verla cada mañana y agradecer la fortuna de tenerla a mi lado y de nunca haber perdido la esperanza.”

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